¿Cómo saber qué tipo de inversor eres?

¿Cómo saber qué tipo de inversor eres?

Empieza por analizar tus sentimientos y la reacción que tienes ante los riesgos de la inversión. Según el tipo de activo los riesgos varían mucho y toleramos mejor unos que otros. Hay personas con mucha tolerancia a la volatilidad de los precios y que valoran mucho la liquidez (más aptos para invertir en bolsa) y otros con más tolerancia al riesgo de crédito y que pueden asumir periodos largos sin disponer del dinero (más cercanos a la inversión en bonos, empresas no cotizadas o inmobiliario). Sea cual sea el activo que más te guste (o combinación de ellos) necesitarás definir una estrategia de inversión y asegurarte de que vas a poder mantenerla también cuando parece que las cosas van al revés de como deberían. La inversión es una carrera de muy largo plazo, aunque no lo parezca.

Invertir no es tan complicado porque en realidad sólo puedes invertir de 3 formas. No hay más. Cualquier variante se reduce en esencia a una de las tres opciones siguientes o una combinación de ellas:

1) Prestarle tu dinero a otro a cambio de un intéres (depósitos, pagarés, bonos de gobierno, bonos emitidos por empresas…)

2) Invertir el dinero en un negocio para participar de los beneficios (acciones cotizadas o no cotizadas…)

3) Comprar materias primas o recursos duraderos y resistentes al efecto de la inflación (suelo urbano, metales preciosos, … otras materias primas pueden ser muy arriesgadas: energía, consumibles…)

A partir de aquí todo consiste estudiar el comportamiento que pueden tener los activos en los que se invierte y, lo más importante, decidir si vas a soportar la variación del precio para evitar tomar decisiones equivocadas en momentos en los que el corazón toma el control sobre la razón.

No vas a tener éxito por acertar a comprar los mejores activos, ninguno va a tener un comportamiento lineal y sería ingenuo ponerte un objetivo tan complicado. El éxito vendrá si eres capaz de invertir en activos correctos y evitar tomar malas decisiones por causa de tus sentimientos. Miedo, avaricia, ambos te harán perder dinero tarde o temprano.

Lo primero que hay que hacer para no verte traicionado por tus sentimientos es no autoengañarse con los riesgos. Si se presta un dinero a cambio de un interés, aunque sea un depósito, existe la posibilidad de que no te lo devuelvan. A mayor interés, mayor riesgo de que no te lo devuelvan. Si se invierte en un negocio existe la posibilidad de que vaya mal y tu inversión pierda valor, al menos a corto plazo, por muy bueno que sea el negocio. Si se compran materias primas su precio puede fluctuar tanto que pases algún momento en que creas que nunca vas a recuperar el valor de la inversión inicial. Si tienes todo eso claro, estarás en condiciones de exigir una rentabilidad y una diversificación acorde al riesgo que estás asumiendo en cada inversión. Lo malo no es asumir riesgos, lo malo es que éstos no estén adecuadamente remunerados. Cuando alguno de esos riesgos se materialice y toque asumir alguna pérdida, lo importante es que el resto de la cartera haya producido lo suficiente para compensarlo. Y si crees que el activo que estás considerando puede acercarse a la pérdida máxima que puedes tolerar, mejor no lo compres nunca.

Las 3 alternativas de inversión:

1-Renta fija: la primera alternativa es prestar tu dinero a cambio de un interés. El primer error que cometes es dejarte seducir por el interés más alto disponible y después te justificas pensando que no van a dejar de pagar porque “ellos”, los que asumes que tienen más información que tú y son mucho más listos, perderían mucho más (este es el caso de las preferentes de Bankia o los famosos pagarés de Rumasa). En lugar de empezar buscando a ver quién te paga más, empieza buscando el tipo de emisor que te genera suficiente confianza para prestarle tu dinero ¿gobiernos? ¿cuáles? ¿empresas? ¿de primera calidad? ¿de peor calidad que paguen más?. Y después, entre los emisores elegidos, elige un número suficiente de ellos para diversificar tu inversión y evitar sorpresas desagradables. Imagino que los griegos nunca llegaron a plantearse seriamente que su país incumpliría sus obligaciones de deuda, como no lo creyeron los españoles. Unos sufrieron pérdidas y otros no pero la situación estuvo al límite en España también y pocos lo tomaron suficientemente en serio.

Después toca valorar la remuneración del préstamo que se concede: se puede dar la circunstancia, como pasa en la actualidad, que tengas que pagar tú los intereses por prestar tu dinero (como pasa con los bonos alemanes, japoneses, etc en vencimientos de corta y media duración). ¿Están locos los que compran deuda a intereses negativos? Probablemente no, simplemente es el rendimiento más elevado que encuentran para el activo que cumple sus objetivos (el de protección del capital en caso de hecatombe en los mercados). La pregunta que tienes que hacerte es ¿qué buscas con este activo? ¿que te remunere por encima de la inflación o que te proteja en caso de corrección de mercados? Para evitar los intereses negativos sin incrementar el riesgo de emisor te tienes que ir a vencimientos más largos, pero pueden ser igualmente negativos en relación a la inflación que se va a acumular en ese periodo. Aceptar una remuneración por debajo de la inflación sólo tiene sentido como parte de una cartera que en conjunto sí genere rendimientos positivos por encima de la inflación (bonos corporativos, países de riesgo más elevado…). Si por el contrario buscas que la renta fija te remunere por encima de la inflación y eres consciente de que el riesgo se eleva al recibir más interés, diversificarás más.

2-Renta variable: La segunda alternativa son las acciones de empresas (cotizadas o no). Paradójicamente, este es el activo más conocido por todos por la cantidad de información disponible y en el que más accidentes hay. El principal error que cometes al valorar una inversión en acciones es el de valorar aquellas exclusivamente por la evolución del precio y la repercusión mediática de la marca comercial de la empresa. Asocias buen negocio a buena aceptación social de la marca y buen precio a uno inferior a algún máximo anterior. No hay peor forma de valorar una inversión en acciones. Un buen negocio que aporte seguridad es aquel que genera suficientes beneficios en efectivo para sus accionistas de forma sostenible en el tiempo. Y eso sólo se consigue si la empresa es capaz de reinvertir el capital a una rentabilidad adecuada y su cuenta de resultados y balance crecen de forma ordenada y equilibrada sin mucha deuda. No confundas generar caja con distribuirla a los accionistas en forma de dividendo. Si la empresa es capaz de reinvertir la caja a una rentabilidad suficiente es mejor que reinvierta a que reparta dividendos. Si vas a empresas que no cumplan estos requisitos el riesgo aumenta mucho y entras en el terreno de la especulación que es el mejor caldo de cultivo para acabar dejándose llevar por el miedo o la avaricia que enturbiará tus decisiones. Con todo, los buenos negocios también se tuercen, y los éxitos muchas veces son inesperados. Diversifica en buenos negocios y a la larga tendrás recompensa. Sal rápido de los malos negocios y te quedará dinero para reinvertir en los buenos, los plazos de recuperación de los malos negocios a veces son tan largos que no compensa la espera habiendo buenos negocios que ya están produciendo resultados.

Una nota sobre la extendida frase “Invierte sólo en lo que conozcas”: no asumas que por el hecho de haber invertido sabes lo suficiente de la empresa o su futuro (ni los propios ejecutivos que la gestionan lo saben). Si las cosas se tuercen en los datos financieros de la empresa (no digo sólo el precio de cotización) sé rápido en aceptar tu error y vende. Si por el contrario los datos siguen mejorando año tras año, no tengas vértigo a la subida de precio, mantente invertido aunque puedas sufrir correcciones temporales. Los buenos negocios deberían multiplicar su valor por 4 o 5 veces en 10-15 años en condiciones normales de mercado. Esa disciplina es la mejor estrategia para hacer crecer tu patrimonio en acciones.

3-Materias primas: la tercera alternativa y normalmente la más cíclica y volátil. Son recursos necesarios para producir productos terminados. Será interesante para ti siempre y cuando sea una materia prima absolutamente necesaria para el consumo o la producción industrial y con una oferta limitada por su naturaleza agotable, su coste de extracción (diamante, metales preciosos), su origen fósil (petróleo/gas) o su uso limitado por decisión regulatoria (suelo urbano). Lo normal es que mantenga su valor en el largo plazo aunque su precio fluctúe de forma volátil en el corto plazo. Es una opción de inversión válida sólo si eres un convencido del largo plazo y si no te quita el sueño que su valor caiga un 50-70% un año para recuperarlo en los 3 ó 7 años siguientes. Materias primas como el oro suelen funcionar bien ante crisis de confianza en el sistema pero realmente no hay ninguna garantía de que su valor vaya aumentar de forma consistente durante largos periodos de tiempo.

Inversiones híbridas: por último, una aclaración sobre activos que parecen algo distinto de las 3 alternativas anteriores y en realidad no lo son. El inmobiliario no es una categoría aparte. Combina elementos de materia prima (suelo urbano) y negocio (servicio de alojamiento). El uso propio es un servicio que se da uno a sí mismo por eso suele ser tan poco rentable invertir en la propia casa. Ganas en calidad de vida pero tienes un cliente (tu mismo) al que no lo vas a subir la renta como lo harías a un inquilino distinto de ti. La divisa tampoco debes considerarla como una categoría aparte. Es el medio que te permite adquirir los 3 activos básicos (renta fija, acciones y materia prima) en el país en el que se ofrezca dicho bien. En el largo plazo se tienden a revalorizar las divisas de países con mayor demanda de sus bienes y servicios e inflación más controlada por lo que suele ser recomendable tenerlos como referencia para construir nuestra cartera. A corto plazo la evolución de la divisa es más difícil de gestionar y la cobertura de la misma se hace con productos que no suelen ser fácilmente accesibles para el inversor no profesional. La opción de no cubrir la divisa a largo plazo no es una mala decisión si uno se centra en los países con divisas y economías estables (en general, aquellas del grupo del G10).

Ahora que conoces lo que hay te toca decidir tu objetivo de rentabilidad y valorar si estás preparado para soportar bien las variaciones de precios que te vas a encontrar en el activo elegido. En condiciones normales de mercado lo ideal es mantener un equilibrio entre renta fija y renta variable acorde a tu perfil de riesgo pero desgraciadamente el momento actual es difícil para los inversores conservadores. La renta fija está a precios estratosféricos y las materias primas son en general demasiado volátiles. Así que la única opción razonable a largo plazo son acciones, pero eso implica aceptar que puedes tener caídas importantes de precio en determinados periodos.

Para estos inversores es mejor delegar la gestión a profesionales que puedan invertir en acciones y controlar el riesgo con instrumentos de cobertura sobre índices bursátiles y divisa, o soportar la pérdida patrimonial de la inflación hasta que la renta fija vuelva a precios aceptables.

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