¿Qué hago con mi dinero?

¿Qué hago con mi dinero?

Esta es la pregunta del millón y probablemente sea la causa de que estés leyendo estas líneas. Casi todo el mundo se forma y trabaja para ganar dinero y cubrir sus necesidades vitales pero pocos se preparan para gestionar sus ahorros. Cuando llega ese momento, lo normal es estar perdido. La bestia negra para los ahorros es la inflación. Es aquello que los engulle sin que te des cuenta. Si quieres que tu dinero valga algo en el futuro, por lo menos tiene que crecer al ritmo de la inflación en el largo plazo. A corto plazo no parece importante pero la mayoría de personas no es consciente de que va a mantener sus ahorros durante por lo menos 40 años hasta que tenga que hacer un uso obligado de ellos. En 40 años a una inflación media del 2% anual 100.000 euros de hoy habrán perdido el 55% de su valor. Y esto, asumiendo que tu estilo de vida esté adecuadamente representado por la cesta de la compra oficial. La realidad es que esto no es así y a menudo la inflación de los productos que consumimos habitualmente sufren un crecimiento de precios muy superior. Si subimos ese 2% al 3%, la pérdida de valor asciende al 70%. Por lo que si quieres seguir saliendo a cenar de vez en cuando o permitirte unas vacaciones cuando te jubiles más vale que protejas tus ahorros de una bestia tan voraz como la inflación.

La primera experiencia vital con la inflación suele producirse con la vivienda. Cuando te toca asumir el coste de la vivienda y sufres algún periodo de subidas de precio de los alquileres o de compra te das cuenta de que la inflación en ese producto puede tener consecuencias importantes para tu vida, obligándote a conformarte con menos comodidades si tus ingresos no suben al ritmo de los precios. Ese primer susto te anima a realizar tu primera inversión: la compra de tu casa. Esta experiencia no suele ser la más acertada de cara a adquirir una adecuada formación inversora. En primer lugar prima el objetivo de la calidad de vida sobre el objetivo de rentabilidad y seguridad de la inversión. Y además lo más probable es que adquieras deuda para comprar un activo poco líquido con un enorme coste de transacción, lo que haría muy gravosa la venta del activo durante los primeros años. El resultado, si has comprado caro (cosa muy frecuente), es que la inversión en tal activo acaba condicionando de tal manera tu vida que impide que puedas generar más ahorro con el que diversificar de forma efectiva tu patrimonio. Además, si consideramos la rentabilidad que genera el activo durante 40 años neto de costes de mantenimiento e impuestos en muchos casos es inferior a la inflación.

Si eres de los iluminados que decidiste no comprar casa o aún comprando lo has hecho en un momento adecuado y consigues generar más ahorros surge la duda de qué inversión acometer después del inmobiliario que supere a la inflación. Lo primero que haces es preguntar a tu banco, en concreto a tu sucursal bancaria, que es la que conoces y a la que aprecias por el dinero que te prestó para comprar tu casa o tu coche. Primero preguntas por depósitos pero, ahora más que nunca, resulta evidente que la remuneración de éstos es muy inferior a la inflación. Lamentablemente, no vas a dar con alguien muy experto en gestión así que te hace la peor recomendación que puede hacer …compra este producto que es “como un depósito” (es decir, preferentes y productos similares que ya sabes cómo pueden acabar) o todavía peor: compra acciones del banco, que están muy baratas y fíjate al precio al que llegaron a cotizar…”. Incauto de ti pruebas a comprar acciones del banco y crees que te vas a convertir en el siguiente magnate porque vas a ganar tanto como los bancos.

Has construido una cartera formada por 90% en un inmueble con deuda, 3% en acciones de un banco y 7% de liquidez.

No es raro que tal mix de inversiones salga mal o te de sustos durante algún periodo. Las acciones del banco en algún momento corrigen más de lo que puedes aguantar y vendes en el peor momento.

Tu conclusión es que el mundo de la inversión no es para ti y vuelves a buscar alternativas que crees que puedas conocer mejor: otra vez a comprar ladrillo o aceptar la destrucción de valor de tus ahorros por efecto de la inflación.

Así que eliminas la acción del banco y transformas la cartera en 90% inmueble con deuda y 10% liquidez.

Con esta cartera pasas algún periodo en paro y te ves presionado por el coste de los intereses del préstamos y con un activo ilíquido que si quieres vender de forma apresurada probablemente suponga perder toda su revalorización hasta la fecha, si no más.

Con estas dos experiencias, lo más probable es que renuncies a hacer más experimentos y a adquirir la formación o asesoramiento adecuado para invertir correctamente tu patrimonio. No puedes tomar una decisión peor y la inflación tarde o temprano destruirá tus ahorros.

La gestión de un patrimonio de forma segura tiene muy poco que ver con las dos experiencias anteriores.

Para garantizar seguridad y valor a largo plazo, un patrimonio debe estar permanentemente invertido en:

1) activos que generen un rendimiento superior a la inflación a largo plazo

2) de forma diversificada (no más del 10% de exposición a ningún negocio o activo)

3) y, por supuesto, sin deuda.

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